Los juegos de cartas tienen una historia milenaria que se remonta a la antigua China, probablemente al siglo IX. Las primeras referencias documentadas de naipes se encuentran en dinastías chinas durante el período de los Cinco Dinastías y los Diez Reinos. Estos primeros juegos eran diferentes de las cartas modernas, pero sentaban las bases para la evolución del entretenimiento de cartas en todo el mundo.
A través de la Ruta de la Seda, los juegos de cartas se transmitieron a Persia, el mundo árabe y finalmente a Europa durante el siglo XIV. La llegada de las cartas a Europa marcó un punto de inflexión importante, donde se adaptaron y desarrollaron nuevas formas de juego. Las cartas españolas, francesas, alemanas e italianas evolucionaron con sus propios diseños y símbolos únicos que reflejaban la cultura de cada región.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, los juegos de cartas se convirtieron en entretenimiento popular entre todas las clases sociales. La estandarización gradual de los palos de cartas (corazones, diamantes, tréboles y picas) en la baraja francesa facilitó el comercio internacional y la popularización de nuevos juegos. Este período fue crucial para el desarrollo de estrategias tempranas basadas en la observación y el cálculo probabilístico.